domingo, agosto 30, 2009

De vez en cuando la vida...

Ella no podía elegir. Estaba en una situación de equilibrio bastante perfecta; cada uno conseguía lo que quería de esa triangulación y todos apostaban a seguir viviendo casi de lo mejor. Pero hasta las normas no establecidas en la sociedad, hasta lo mas implícito de la moral burguesa la impulsaba a tener que elegir. Y ella no podía elegir.
Y no quería elegir.

Lo primero que llama la atención de esta situación en la que se encuentra T es la época en la que empezó todo. Contrariamente a lo social e incluso biológico esperable, T forma su triángulo equilátero en invierno.
Como toda noche de obligaciones, hacía frío y llovía. Y como toda buena laburante, T sabía que indefectiblemente iba a tener que salir. Y como en toda historia que está arrancando, algo totalmente inesperado surgió esa noche. Al final de cuentas, T terminó saliendo con un muchacho,un tal J entre muchos otros, sólo que con este se terminó encamando.
Llegamos al punto primario del conflicto, porque T (y no está demás aclararlo)
era una mujer comprometida.
Entramos en otro momento crucial
en el cual
los acontecimientos vuelven a tomar
un rumbo que no es el típico esperable en este época, contexto, características de los protagonistas, etc...

Al tipo no le quedó otra que sacarse la cornamenta con orgulloso y retirarse del conflicto. Con lo cual T no quedó tan desecha como imaginaba que podía estar...

Siendo T una nueva T, una liberada, libetina y liberadora,
y sin tanta vuelta
Consideró oportuno seguir escabulliéndose entre la gente, tratando de no perder el hábito de encontrar a J.
Había una suerte de ritual en movimiento, de aliteraciones y repeticiones.
La cita, clara e imperturbable
día de semana
noches de bailongo y borracheras reveladoras
gente
siempre la misma gente
T y J desaparecen.
El resto
desenlace frontal.

Sin embargo, como en toda historia triangular, suele aparecer un momento de conflicto secundario, y digo secundario porque las fichas ya están jugadas, dando sus vueltas en la mesa. Pero es T, y no el azar, quien sale a la noche, en búsqueda de algún otro estado de agregación inconsistente con el ritual mutuamente aceptado.

Velando con cuidado por sus intereses principales, la resultante es un escabullimiento repentino con C, amigo de J, porque claro, había que ponerle un toque más personal al asunto.

Cómo estará de acostumbrada T a los triángulos obtusos que no logra imaginarse de qué otra forma procederá el ritual a partir de este nuevo segmento.
Con qué cara ambos muchachos se verán luego de enterarse que le están dando masita a la mismísima mujer.
"Tiene que existir un ganador en estas cuestiones, porque de eso se trató siempre".
Ganar perder. Eso acribilla lisa y llanamente a los pensamientos de T.

Y así es (así, y no de otra forma) como la historia llega a mi manos. En verdad quien llega a mis manos es T, compungida, angustiada, porque piensa que ahora, se que da sin el pan y sin la torta. (No termino de entender cuál de ellos sería el pan y cuál la torta, pero al caso da igual).
Como toda buena marxista, le sugiero la visión de un triángulo equilátero.
Y como T además de compañera es inteligente, empieza a equilibrar la balanza y reparte su tiempo entre ambos muchachos. El ritual se mantiene, el segmento se acomoda, todos comparten el pan y la torta.

Si la noche anterior se fue con C, al dia siguiente invita a J a ver una banda. Si J se queda a dormir a su casa, en la próxima ocasión que estén todos juntos, se va con C. Y así sucesivamente.
Como es sabido, los hombres hablan, hablan de minitas y hablan más de lo que las minitas suponen. Contrariamente a lo esperado, los dos están al tanto de la situación de equilibrio que T intenta llevar a cabo, y deciden que esa noche, tienen que salir los tres juntos.
El resto, desenlace frontal...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

como T coje con C y con J... por definicion: T cuernea Jodido

Anónimo dijo...

que buena sos... deberias editar.!! genia